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El estrés es una reacción normal ante las exigencias de la vida que ha ayudado al ser humano a sobrevivir a lo largo de su evolución. El estrés no siempre aparece vinculado a una situación de daño o peligro, también puede tratarse de un momento de goce y/o euforia, como un concierto o un partido de fútbol.

La respuesta de estrés es una experiencia subjetiva, por lo que las personas reaccionan de diversas maneras ante situaciones difíciles, siendo normal sentir preocupación e inquietud en dichos momentos.

Es una respuesta de emergencia que se inicia ante una presión o amenaza e implica varios niveles de activación, fisiológico, psicológico, emocional y conductual. De esta manera, la reacción de estrés prepara al organismo para actuar de forma rápida y efectiva.

¿Qué ocurre cuando nos estresamos?

La respuesta de estrés es un mecanismo inherente al ser humano, del que nos ha dotado la naturaleza para enfocar y dirigir nuestra energía a la solución de un problema o reto.

Ante el inicio del estrés, el organismo pone en marcha una serie de cambios fisiológicos y metabólicos que le permiten adaptarse a la nueva situación.

Cuando nos encontramos ante un estresor o estresores, como puede ser un examen, un nuevo trabajo, un problema de salud, etc, lo primero que hacemos es “evaluar la situación”, es decir, tomamos consciencia del problema y valoramos sus características, las cuales van a determinar cómo de intensa sea nuestra respuesta de estrés.

El siguiente paso es adaptarnos a ese nuevo medio y para ello, el cuerpo activa el hipotálamo, una glándula endocrina cuya principal función es dar el disparo de salida de la respuesta de estrés.

El hipotálamo se comunica con las glándulas suprarrenales, situadas en nuestros riñones. Y son estas glándulas las liberadoras de distintos tipos de hormonas, entre ellas el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina. Estas hormonas producen, entre otras cosas, la liberación de glucosa de las reservas del hígado para de esta manera darnos energía rápida. No sabemos qué podría pasar…

Por todo esto, ante una situación estresante y dependiendo de la intensidad de la misma, tal vez sientas que tu ritmo cardíaco y tu respiración se aceleran, te sudan las palmas de las manos, te tiemblan las rodillas y/o la boca se te seca, etc.

El problema aparece cuando esta sobre-activación del organismo se mantiene a largo plazo, es decir, se cronifica, como puede ocurrir en la situación de crisis sanitaria actual, la cual termina creando malestar generalizado y el deterioro de la salud.

En esos momentos, es como si se produjese una retroalimentación entre diferentes eventos privados como los pensamientos, las emociones y las sensaciones físicas. De esta manera, cada uno de ellos influye en el otro haciendo cada vez más intensa la activación conductual. Así ante el pensamiento “esto es muy difícil, no lo voy a superar” el cuerpo reacciona con una respuesta de estrés, generando miedo, incertidumbre (a nivel emocional) y sudoración, taquicardia, hiperventilación y agitación (a nivel fisiológico). Esta cascada de reacciones confirma la idea de amenaza haciendo que el circuito de activación se intensifique. Aparecerán más pensamientos negativos que a su vez harán que aumente cada vez más la respuesta emocional y fisiológica.

¿Qué se puede hacer en estos momentos?

La práctica de Mindfulness sigue mostrando su eficacia en la reducción del estrés y la ansiedad.

La “atención plena” o Mindfulness consiste en el desarrollo de una actitud muy diferente a la que normalmente adoptamos en nuestro vivir; un vivir lleno de prisas, automatismos y juicios. Mindfulness nos enseña a dirigir la atención hacia nuestro interior para de esta manera poder observar y comprender qué está ocurriendo dentro y desde ahí, ser capaz de responder adecuadamente al estrés que aparece en diferentes momentos.

La consciencia plena se convierte en el foco que da luz a todos esos rincones oscuros a los que no sabemos cómo acceder. La práctica de Mindfulness es la guía que necesitamos para poder contactar con pensamientos y sensaciones difíciles sin perdernos en ellos; aprendiendo a reconocerlos, regularlos y expresarlos de forma ajustada.

Hoy más que nunca, en medio de esta inestabilidad, necesitamos un anclaje que nos ayude a vivir momento a momento sin perdernos en el futuro ni en el pasado. Un punto de referencia al que volver siempre que necesitemos calma y bienestar.